Las tres fases de la evolución de Internet de las Cosas

Aunque Internet de las Cosas (IoT) es un concepto relativamente nuevo, su génesis data de hace 40 años. En la actualidad, se pueden identificar tres olas de IoT, de acuerdo con Doug Davis, senior VP y gerente general de IoT Group, Intel.

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La primera ola refiere a la tecnología embebida, es decir, ordenadores integrados en dispositivos a los que se accedía a sus datos mediante controladores.

La segunda etapa aparece con la masificación de la conectividad y el cloud computing: diferentes dispositivos conectados que toman y envían información desde la nube.

La tercera fase tiene lugar en la actualidad y agrega inteligencia a los datos, con Big Data y herramientas de analítica.

El fin de esta evolución es mejorar la producción de productos y ofrecer servicios inteligentes, incluso antes que los requieran los usuarios. “IoT es inteligencia en todas partes: móviles, industrias, gobiernos, hogares, ciudades, redes, centros de datos”, de acuerdo con Davis.

Diferentes consultoras aseguran que IoT es la próxima gran transformación tecnológica. Qué tan grande es Internet de las Cosas depende de acuerdo a quien lo mida. Aunque existen diferencias en las cifras, los números son grandilocuentes. Para 2020, Ericsson y Cisco estiman que existirán 50.000 millones de objetos conectados en el mundo. Morgan Stanley incrementa esa cifra a 75.000 millones e IDC proyecta 200.000 millones de cosas conectadas.

Internet de las Cosas debe mejorar la vida”, según Davis, y concretamente en cuatro grandes temas donde IoT debe impactar positivamente:

  1. Cuidado a una población cada vez más longeva. El 40% de la población global será mayor de 60 años para 2050. Esa proporción resulta en que habrá más habitantes de 60 años que menores de 14. El interrogante que planteó el ejecutivo de Intel es quién cuidará de los mayores. En ese sentido, soluciones inteligentes relacionadas con la salud y el hogar inteligente podrán dar respuesta.
  2. Cambio climático. El mundo será más caluroso que en la actualidad para fin de siglo. IoT permite nuevas formas de energía que reducirán la huella de carbono, responsable del calentamiento global. Como efecto del incremento de la temperatura y el cambio climático, unos 1.800 millones de personas tendrán escasez de agua para 2025. Aplicaciones y desarrollos de Internet de las Cosas colaborarán en un mejor tratamiento y procesamiento del agua y una administración eficaz de su distribución.
  3. Administrar el crecimiento de las ciudades. Se espera que la mitad de la población urbana se encuentre en Asia para el año 2025, con 2.500 millones de personas. Solamente China contará con 46 de las 200 ciudades más grandes del mundo. Si bien las ciudades son un ámbito más fácil para la distribución de los alimentos, la energía y el agua, su crecimiento implica otros desafíos, como el tránsito, la vivienda, la polución y la seguridad. Los avances a baja escala que se ven en las actuales ciudades inteligentes son un adelanto de cómo IoT puede mejorar la vida citadina.
  4. Producción y distribución de alimentos. Si bien en la actualidad el mundo genera un 17% más de alimentos por habitante que hace 30 años, se desperdicia un tercio de todos los alimentos que se producen, de acuerdo con cifras expuestas por Davis. La productividad de la agricultura es mayor que la tasa de crecimiento de la población. Los avances de IoT aplicados a una agricultura inteligente, junto con la biotecnología, solventarán la alimentación global. El gran problema es la distribución.

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